¿Piel endurecida?
La piel endurecida aparece por la falta de hidratación en las capas superiores de la piel. Si pasas más tiempo de pie, haces mucho ejercicio o tienes un peso corporal elevado, es más probable que la padezcas.
Si no se trata, la piel endurecida puede reducir la sensibilidad de los pies, resecarse, hincharse o incluso agrietarse, pero se puede tratar fácilmente.
Hidrata tus pies todos los días para evitar la acumulación de durezas con la crema para pies con piel seca Expert Care de Scholl.

¿Pies cansados y doloridos?
¿Notas las piernas o los pies cansados y doloridos? Podría ser señal de pies planos o con el arco plantar alto, falta de soporte o, simplemente, calzado que no se ajusta bien. Algunas personas tienen una predisposición genética a sufrir cansancio en los pies. Quienes tienen los pies planos o el arco alto son más propensos a padecerlo. Los pies planos suelen heredarse de los padres, cuando el arco no se forma correctamente durante la infancia. El dolor de talón suele aparecer por el uso excesivo o el estiramiento excesivo del ligamento que va desde el talón hasta los dedos.
Asegúrate de que tus pies estén bien sujetos. Las botas de invierno son una buena opción, o incluso puedes probar una de las plantillas a medida de Scholl, que pueden dar soporte a tus pies durante todo el invierno y más allá.

¿Zapatos demasiado flojos o ajustados?
Los zapatos que no se ajustan bien pueden causar numerosos problemas, que suelen aparecer al cambiar el calzado entre estaciones y provocar ampollas, dolores y sobrecargas.
Procura que tus zapatos no estén demasiado flojos ni demasiado ajustados y asegúrate de llevar calcetines para evitar la fricción y la sudoración, que pueden causar ampollas.
Si sientes dolor o rozaduras, prueba a usar los apósitos para ampollas de Scholl para evitar que el problema vaya a más.

Si tienes alguna ampolla, echa un vistazo a nuestro vídeo del prestigioso podólogo Matthew Fitzpatrick sobre cómo tratar y controlar las ampollas.